Confesiones
"Son las diez de la mañana..." Ese verso y D. Juan Manuel de Blas tienen gran parte de la culpa. Fue en una clase de literatura de segundo de BUP, en el IES El Palmeral. Juan Blas, que así lo llamábamos, nos dio ese octosílabo y nos encargó que construyésemos una estrofa para el día siguiente. Tenía entonces 15 años.
Descubrí que eso de jugar con las palabras podía ser divertido, y comencé a escribir breves letrillas, presuntamente satíricas, que en ocasiones dejaba en el buzón de sugererencias del centro.
Otra mañana, bastante más reciente, me despertó el teléfono. Era Juan Grima, de Arráez Editores, a quien meses antes había mostrado mis poemas. Iba a publicar algunos de ellos en la revista Axarquía, y quería conocer el título del libro para mencionarlo.
No recuerdo si era julio o agosto de 2006, pero sí, que era sábado y que no debía hacer más de dos horas que me había acostado. A duras penas despegué los ojos y traté de darle una respuesta, no obstante, en esas condiciones, y pese a que ya hacía tiempo que me debatía entre media docena de opciones, fui incapaz de recordar ninguna. Juan esperó pacientemente mientras ponía patas arriba mi habitación, como si un título fuese un manojo de llaves o un mechero, hasta que reparé en la pantalla del ordenador... allí estaba: El Paso Herido, un soneto que escribí no sabría decir cuándo, que no es de mis favoritos, y que tampoco sé por qué lo tenía en pantalla, pero era un título y, después de todo, me gusta.
Agradezco ahora no haber tenido abierta alguna página porno, dios sabe cómo se habría llamado el libro...
Quiero desde aquí reiterar mi gratitud a Juan Grima por aquella publicación, fue la primera vez que vi mis poemas sobre papel. También quiero dar las gracias a Maribel Cerezuela por incluir "Agua para todos" en el número cero de la revista literaria El Tranco, aunque no entiendo que no me avisase cuando se presentó, o cuando salió a la venta. Por fortuna, un amigo tropezó con ella (con la revista, no con Maribel) en un kiosko y me consiguió un ejemplar.
Diculpad si no sigo algún tipo de orden, pero no es mi intención contar mi vida sino dar algunas pinceladas sobre el libro y sobre mí, respondiendo de paso a las preguntas más frecuentes con las que me he encontrado. Así, os diré que hacer y seleccionar una fotografía de mi gusto para la cubierta posterior, fue casi más difícil que escribir los poemas.
Cuando el Sr. Pozanco me dio las indicaciones pertinentes, fui a un estudio fotográfico de Vera, y creedme si os digo que el pobre fotógrafo puso todo el empeño del mundo pero, como dice ese anuncio de televisión: "No es que salgas mal en las fotos, es que eres así", de modo que salí de allí con cierto malhumor y, no resignándome con mi aspecto, telefoneé a Collado... Juan Francisco, Collado para casi todo el mundo, es uno de esos amigos que, bien porque no sepa buscar excusas verosímiles, bien porque esa sea su naturaleza, siempre termina echando una mano cuando se le necesita, da igual que se trate de una mudanza, montar muebles de Ikea o, como en este caso, satisfacer mi vanidad.
Toda una tarde, más de ciento cincuenta disparos, y una buena dosis de paciencia por su parte, fueron necesarios para que tuviese la foto. En mi descargo diré que habrían sido muchos menos si Collado no se hubiera empeñado en usar el enfoque manual de la cámara, pero gracias a él tengo algunos retratos que me gustan y un nítido e interesante reportaje de la vegetación en casa de mis padres. 
Esta de la derecha era la otra opción. Una moneda de 50 céntimos fue la responsable...
Por otra parte, y dejando a un lado las trivialidades, no puedo hablar de El Paso Herido sin mencionar a Ana, musa de mis tristezas, a quien está dedicado el libro.
Explicar lo que ha supuesto en mi vida es algo de lo que no me siento capaz... Sin ella hoy sería otro hombre el que se hallase bajo mi piel y mi nombre. Es un tal vez, un eterno si hubiera, un dolor hermoso y un recuerdo triste.
Fue tras su muerte, en diciembre de 2000, cuando por primera vez afronté la poesía como algo más que un juego. Necesitaba escribir, escribirle... no sé si por aliviar mi angustia, expiar mis faltas, o simplemente por recordarla; pero de aquella necesidad comenzó a surgir un sinfín de poemas que, algún tiempo después, iría compartiendo bajo pseudónimo en un foro literario.
(EN CONSTRUCCIÓN)