EL PASO HERIDO

Eventos

Oct 04, 2007

Presentación en Toledo

La peñascosa pesadumbre estable
ni se derrumba ni se precipita,
y dando a tanta sigla eterna cita
yergue con altivez hisopo y sable.
¡Toledo!
Al amparo del nombre y su gran ruedo
-Toledo. «quiero y puedo»-
[...]

Jorge Guillén.

Quiso y pudo... y así, con el beneplácito de La Monumental, porque no he conocido otra ciudad que merezca tanto ese adjetivo, se presentó el 28 de septiembre El Paso Herido.
Seguramente obedezca a la flaqueza de mi memoria, pero no recuerdo haber estado más nervioso en toda mi vida: me temblaba la voz, las manos y hasta los propios temblores. Por fortuna, estuve magníficamente arropado por Dña. Carmen Hernández Bastos y D. Víctor Pozanco, cuyas palabras de elogio consiguieron que el ya considerable rubor de mis mejillas amenazase con prenderme en llamas.


Ignoro si alguno de los presentes llegó a comprender una sola palabra de lo que dije; como ya he comentado antes, me temblaba la voz más que a Serrat cantando "Lucía", pero eso no les impidió obsequiarme con múltiples aplausos y muestras de cariño. No es menos cierto que la mayoría de ellos eran familiares y amigos, y que habrían aplaudido un estornudo por hacerme sentir bien aquella tarde. El hecho es que lo consiguieron y, nervios aparte, convirtieron ese viernes toledano en uno de los días más entrañables que he vivido... Se me hace tremendamente difícil expresar el grado de mi agradecimiento para con ellos.


Como no sólo de poesía vive el hombre, tras la presentación tomamos un vino en el establecimiento de Adolfo Muñoz: Adolfo Colección, a quién también quiero agradecer la exquisitez de su trato y de sus platos... y, una vez abierto el capítulo de agradecimientos,
no puedo dejar de mencionar en estas líneas al personal de la librería Hojablanca; tampoco a la policía local de Toledo, que tuvo la amabilidad de aparcarme el coche en un lugar más apropiado que el que las prisas me habían permitido buscarle... Todo un detalle, sin duda. El único inconveniente de este servicio, además del económico, que ya lo hace altamente desaconsejable, es el de hallar el depósito municipal de vehículos cuando no conoces la ciudad, y amanece a mediodía con nubes de resaca, pero esa es otra historia...

El caso es que, ebrios de letras, y pese a la reticencia de quienes abogábamos por regalarnos un rato de esparcimiento después del vino, los hubo que se empeñaron en visitar el Círculo de Arte de Toledo. Los partidarios de finalizar la jornada cultural conseguimos encerrar a los restantes en un pub, de cuyo nombre no quiero acordarme, y en el que logramos hacernos fuertes durante algunas horas pero, como los disidentes no cejasen en su enfermizo empeño, terminamos por acceder y nos encaminamos al dichoso Círculo que, para sopresa de pocos, resultó ser otro pub.
Sería delicado, además de prolijo, narrar las distintas anécdotas a las que dio lugar este punto de la noche, sólo añadiré que el carácter monumental de Toledo no es exclusivo de sus edificios.



 

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