Poemas
Estos son algunos de mis poemas preferidos, el resto podéis leerlos en la página principal de Cuentos de Burdel.
Tu nombre es el prefijo de la ausencia
Tu nombre es el prefijo de la ausencia,
dos sílabas hermosas y dolientes,
forjadas por los hados inclementes,
que hicieron de tu nombre una advertencia.
Así desde tu cuna la sentencia,
como un rumor de trágicas simientes,
se alzaba a contemplar las diferentes
caricias de mi amor de adolescencia.
La noche se me adentra como un clavo
herrumbroso de amargas soledades,
pensando en como el tiempo te desgrana.
Y yo, que en ti empecé, sin ti me acabo,
perdido en el dolor de mis verdades:
Vivir sin ti es morir cada mañana.
Poema de hojas secas
Otoño ceniciento y quebradizo.
Otoño de calor desalentado
me traes la rendición del sol plomizo,
augurio de un ocaso adelantado.
Otoño de asechanzas y temores,
la muerte va cantándote en las hojas
caídas, desplomados ruiseñores,
que erguido en tu rigor del cielo arrojas.
Lamentos de un verano moribundo
te pueblan marchitándose en la aurora,
con gritos de dolor y adiós rotundo,
con voz de soledad triste y sonora.
Otoño que me trepas por el alma,
de parra son tus manos hojas secas.
Tus ojos de ataúd dictan en calma
miradas funerariamente huecas.
Tu baile de cadáveres marchitos,
de pájaros sin nido, de rastrojos,
sujeto está al vigor de antiguos ritos
que habrán de retirarte de mis ojos.
Y habrás de claudicar ante la vida,
pasado ya el invierno, en primavera.
Cantando llegará la prometida
venganza de los brotes de la higuera.
Se fue el amor
Se fue el amor, se fue de madrugada,
descalzo y en silencio, sin maletas.
Dejó una foto vieja y arrugada,
con restos de carmín sobre sus grietas.
Se fue el amor, se fue sin previo aviso.
Marchó sin un adiós, sin un lamento.
Tal vez se fuera así porque me quiso.
Tal vez su voz calló de abatimiento.
Se fue el amor, marchó por la vereda
que aleja su perfume de mi almohada.
Marchó el amor, y ya ni amor me queda.
Se fue el amor, se fue de madrugada…
La invitación
¿Quieres pasar? La noche está callada…
Escucha el leve son de nuestro aliento,
y el beso que promete sobre el viento
la muda excitación de tu mirada.
La sed la ha de calmar la madrugada.
Quitémonos la piel de puro intento.
- Los dos sabemos que este es el momento. -
Hagamos el amor… no digas nada.
A una joven de mal carácter
Si fueran curvas suaves los enojos:
¡Qué enojos recorrieran tu figura!
Enojos en tus pechos, tu cintura…
Enojos cuanto en ti paran mis ojos.
Si fueran para amar tus labios rojos,
que no para el reproche y la amargura,
no hubiera en boca alguna más dulzura
que en esa en que se hielan mis antojos.
Hija del tedio, hermana de la cuita,
garganta de zarzales y de gayas
donde el viento más dulce se marchita.
No habiendo paz por lejos que te vayas,
- perdóneme Neruda por la cita -
me gusta cuando duermes… porque callas.
Agua para todos
Mi tierra tiene sed y nadie escucha
su ruego secular de labios secos,
ni el grito del almendro cuando lucha,
ni el llanto del olivo, ni sus ecos.
Mi tierra eleva un canto de cigarras
al sol demoledor de mediodía,
que hiere como ardientes cimitarras
en rayos de perpetua tiranía.
Mi tierra busca el cielo con sus dedos
de troncos retorcidos y abrasados,
y crujen, despojados de sus credos,
higueras, algarrobos y granados.
Mi tierra es un solar de lagartijas,
de piedras castigadas y de espinos,
de manos que a otras manos fueran lijas
brotando de sus brazos campesinos.
Mi tierra es de sudor y de trabajo;
de sal, de sol, de espuma y piedras rotas.
Mi tierra llora en polvo cabizbajo
el cerco al agua impuesto por idiotas.
Mi tierra tiene el cuello perseguido
por manos de Aragón, por Labordetas.
La estirpe de Caín alza su aullido.
Mi tierra escupe fuego por las grietas.
¡Levanta el corazón de los espartos
y avéntalo sangrante en la garganta!
¡Levanta ya, terruño de lagartos!
¡Ay! ¡Levanta ya Almería, levanta!